
Al final, aprovechamos para hacer una relajación todos juntos. ¡Ya se sabe lo bien que se duerme, después que te cuenten un cuento!.
Ha sido una experiencia preciosa, no solo por la lectura, sino por comprobar como los mayores se ponían a la altura de los más pequeños, tratándolos con todo el cariño y demostrando que son unos estupendos hermanos y hermanas mayores.
Besos de chocolate para todos.





